
Desde el siglo XVII
El Pato es mucho más que un deporte: es la expresión más auténtica del gaucho argentino, forjada en siglos de vida en la pampa. Su historia es la historia del país mismo, con sus prohibiciones, sus luchas y su triunfo final como símbolo nacional.
Pocas disciplinas deportivas en el mundo pueden jactarse de haber recorrido un camino tan tortuoso desde la ilegalidad hasta la consagración oficial. El Pato sobrevivió a la colonia, a la independencia, a los cambios económicos y a las modas deportivas, siempre sostenido por la pasión de sus practicantes.
Cronología
El Pato nació de manera espontánea en las vastas estancias del Río de la Plata. Los gauchos disputaban un pato vivo —más tarde reemplazado por uno de cuero— colgado en un cesto, compitiendo a caballo para llevarlo hasta una estancia rival. Era un juego rudo, sin reglas fijas, donde la habilidad ecuestre era la única ley.
Con el auge de las estancias pampeanas, el Pato se extendió por toda la región. Sin embargo, su violencia y los accidentes frecuentes llevaron a las autoridades coloniales y eclesiásticas a prohibirlo en múltiples ocasiones. Las prohibiciones no hicieron más que reforzar su carácter rebelde y su identidad gaucha.
El Obispo de Córdoba José Antonio de San Alberto emitió una dura condena contra el juego del Pato, describiendo sus consecuencias mortales y pidiendo penas para quienes lo practicaran. A pesar de ello, el deporte siguió vivo en la clandestinidad de los campos.
Con la reorganización del Estado argentino y la modernización de las estancias, el Pato fue adquiriendo un carácter más organizado. Las reglas informales comenzaron a unificarse y el deporte perdió su carácter violento para ganar en elegancia y destreza técnica.
Alberto del Castillo Posse redactó el primer reglamento oficial del Pato, estableciendo las bases del juego moderno: el número de jugadores, la duración de los períodos y las normas de puntuación. Este hito transformó el Pato en un deporte organizado y competitivo.
Se fundó la entidad rectora del Pato a nivel nacional, que desde entonces organiza campeonatos, regula las reglas y promueve el deporte en todo el país. La federación fue el paso definitivo hacia la institucionalización del Pato.
El presidente Juan Domingo Perón firmó el decreto que declaró al Pato deporte nacional de la República Argentina. Este reconocimiento oficial consagró al Pato como símbolo de la identidad gaucha y de la relación histórica del argentino con el caballo.
El Pato moderno combina la tradición gaucha con el profesionalismo del deporte actual. Se practica en más de 15 países, con torneos internacionales que llevan la cultura argentina al mundo. En el país, los campeonatos regionales y nacionales reúnen a los mejores jinetes de la pampa.